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Una residencia principesca

El Palacio de Luxemburgo, construido por María de Médicis a partir de 1615 en las puertas de París, fue una de las realizaciones mayores del naciente clasicismo francés.

Con el deseo de tener una residencia a su gusto, María de Médicis elige un sitio lindante a la aglomeración parisina, cerca de la puerta Saint-Michel. En 1612, la reina adquiere el palacete de François de Luxemburgo. El lugar tiene un amplio parque de ocho hectáreas y éste es, sin duda, el principal atractivo para la reina. El palacete forma el núcleo inicial de un vasto dominio construido a partir de una política de adquisición territorial, llevada adelante sin descanso y con grandes medios financieros.

La reina deseaba una imitación del Palacio Pitti, donde pasó su infancia florentina. No obstante, la concepción del edificio será confiada a Salomon de Brosse quien no retendrá del prototipo florentino sino el empleo de almohadillas y pilastras apareadas. Lo esencial de la estructura es tributaria de la tradición francesa y constituye un importante jalón para la elaboración del clasicismo nacional. El plano forma un cuadrilátero limitado por pabellones cuadrados cuyas secciones están claramente jerarquizadas. El cuerpo de habitación principal está al sur, entre el patio y el jardín ; las alas laterales, más bajas, están unidas a la pared de cierre que tiene en su centro un cuerpo de entrada rematado por una cúpula.

La primera piedra fue puesta en abril de 1615. Diez años más tarde, la reina puede alojarse en su nueva morada decorada por Rubens. Sin embargo, después de la « Journée des dupes », Luis XIII obliga a su madre a que se exilie. María de Médicis muere en Colonia sin haber visto su palacio terminado, que será dado a Gaston d'Orléans, hermano del Rey.

Después del exilio de María de Médicis, el palacio fue habitado por algunos Infantes hasta 1791. Por falta de poder, de voluntad o de tiempo, éstos no continuaron el gran proyecto inicial.